Mi segundo viaje a Cuba no fue ni remotamente parecido a como lo esperaba.
Vivir con cubanos es una experiencia enriquecedora, aunque la realidad política, social y económica siempre será difícil de comprender para quienes nacimos en el mundo capitalista - occidental.
Hace días alguien criticaba mi capacidad etnográfica al no poder hablar sobre hechos concretos y absolutos sobre la vida en la Isla. Las cosas no son planas, no son lineales, están llenas de matices, que incluso ahora me parecen incomprensibles.
La comunidad donde trabajé estuvo llena de abuelos que recordaban los tiempos prerrevolucionarios y de gente feliz con la vida en el campo a pesar de un periodo especial en la memoria, de escasez, de pobreza (no tan extrema como la que se puede vivir en México) en el camino.
Por un momento, comparé lo que pasa en algunos recónditos lugares de México, donde están asentadas comunidades de mixes, tarahumaras, zapotecos, etc. Donde hay más pobreza, donde hay niños descalzos, sin acceso a un médico, con enfermedades respiratorias crónicas, con educación de nivel de segundo año cuando ya están cursando la secundaria, pero que sin embargo pueden gastar unas monedas comprando una coca en lata.
Puedo decir a estas alturas que no soy revolucionaria como muchos de mis compañeros se autodenominan, pero sí creo que la Revolución ha hecho cosas hermosas por el pueblo cubano.
Hermoso y triste, así es como lo puedo describir.
Lo complicado ahora es pensar en el futuro. Pensar en lo estéril o fecundo que puede resultar continuar en el proyecto lleno de contras, pero sin duda también lleno de pros.
Tribus y territorios académicos Tony Becher
Hace 4 semanas





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