El final.

Cuando terminé con Alejandro y lo encontré nuevamente en la escuela siempre tenía la meta presente de evitar un día de llanto. Pensaba que sintiendo todo lo posible algún día llegaría donde no tendría ganas de llorar, y luego dos días y así sucesivamente hasta que lo olvidara.
Luego conocí a Miguel y pensé que él era la respuesta a una pregunta nunca antes formulada, pensé que él era la síntesis de todo lo que buscaba en un hombre.
Y ahora estoy sola y triste, llorando escuchando una nostálgica canción de Rodríguez.


¿Y mi dharma cuándo?

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