Frío

Desde niña he padecido reumas. Dicen que es herencia, por eso mi tío-abuelo se fue a Cuba, porque como TODOS sabemos en cuestión de servicios médicos Cuba tiene muy buena fama, entonces fue a curarse y como era obvio le gustó y se quedó. Pero entonces yo desde niña sufría dolores, especialmente en días fríos y lluviosos, o fríos o lluviosos. No sé si eso afectó para que mis huesos crecieran chuecos y tuvieran que ponerme esos horribles zapatos ortopédicos que no se veían nada bien con mis uniformes de deportes, y me amarraran a la cama con esos horribles aparatos.
El caso es que el frío en los huesos, sí. Vaya que es molesto.
El problema se ha agudizado porque por alguna razón que desconozco soy fanática a usar huaraches, chanclas y cualquier calzado con el que yo pueda presumir la gordura de mi dedo pulgar. Y usar pantalones que se arrastren. Y en días lluviosos, parece que traigo un trapeador pegado a los tobillos, ja!
Hace como un mes y medio, mientras buscaba música en el tianguis de Santa Tere, encontré unas lindísimas botas, como botas de fontanero pero en rosita. Me enamoré.
Pronto: yo y botas de fontanero rosa. Y vestido, claro. El capitalismo siempre tiene la solución a nuestros problemas. O no.

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