... en la vida de una persona es cuando decide que es momento de ejercitarse.
Bueno, no el día que lo decide, sino el día en que lleva a cabo semejante locura. Mi cuerpo regordete y yo estábamos realmente complacidos en pasar casi todo el día en reposo y en compañía de unas chelas, lamentablemente la ropa pareció reducirse cada vez más y llegó la inevitable pregunta: ¿O bajo de peso, o compro más ropa?
Y ahí voy yo, ingenua, primero a un nutriólogo que literalmente me mata de hambre (¿A quién se le ocurre prohibir todo carbohidrato?) y posteriormente busqué algún deporte, y gracias a mi ubicación actual lo más barato y factible fueron clases de remo en canal nacional. Nunca pensé que me esperaba semejante masacre.
Cuando terminé la espantosa rutina de las 150 sentadillas (seguidas de correr una pista de 2.5 km y hacer 20 min en el aparato simulador de remo) mis piernas se declararon inútiles para regresar a mi casa, y terminé con las rodillas en el suelo, como en la primaria.
Al día siguiente la rutina fue la misma, y tras un par de días de haber comenzado, siento deseos de morir a cada instante. Simplemente ir al baño me hace envidiar la posibilidad de los hombres de orinar parados y múltipes cosas por el estilo.
Todo sea por dejar de verme como ballena.
Tribus y territorios académicos Tony Becher
Hace 4 semanas





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